Como un miedo ilógico, irresistible e incoherente. Como no saber nadar o no poder respirar. Como quedarte atrapado bajo tierra o bajo tu cama. Un miedo cobarde e insensible. El de los no luchadores. Y hay veces que no sirve de nada luchar. Es como perderlo todo. Como ser mudo, cojo, ciego o manco. No sé, como faltando algo. Como la soledad. Llega el momento en que no hay nada. Que palabra más radical. Y de repente no hay nada. Nada durante 2 años, 5 meses y 12 días. Ni tu voz, ni tus ojos, ni tus brazos. Ni si quiera tu recuerdo. Nada cuando hacía tanto frío que las lágrimas se helaban, ni en las noches de verano estando yo sola en una cama que se queda inmensa sin ti. Nada de "te quieros", ni "buenos días princesa", ni cartas debajo de la almohada, ni el presentimiento de que hoy iba a ser un buen día. Solo un vacío que se va haciendo grande mientras el tic tac del reloj me perfora los tímpanos. Mientras esta fría certeza me confirma poco a poco, aún poniéndole toda la resistencia del mundo, que no vas a volver. Mientras un incesable murmullo me lo grita y me rompe por dentro.
sábado, julio 21
viernes, julio 6
Me he vuelto fría con el tiempo. Me parece que los daños han causado más estragos en mí de
lo previsto. Supongo que era cuestión de
esperar, ya sabemos eso de que mientras no todo dura yo sigo dándome de bruces
con todas y cada una de tus absurdas incoherencias. Supongo también que he
cambiado por ti, por él o por ellas. Supongo que nosotros hemos cambiado por el
exceso de confianza. Aunque también supongo que no te conozco tanto como creo.
Y que siempre va a ser así. Que la amistad durará hasta sobrepasar el límite. Y
se sobrepasa, créeme. Créeme por favor, créeme cuando te digo que nada es para
siempre, y mientras esto siga así, quiero que te quede bien claro. Cuando lo
tienes claro duele menos. O eso supongo. Yo no lo tenía, por eso estoy así. Por
eso no has conocido a la verdadera Vic. Y lo siento por eso,
no te lo mereces. Ni tú, ni nadie. Supongo que es lo que pasa cuando das todo
de ti y al final ese todo acaba en un nada para nadie. Cuando quieres tanto que
el corazón se sale del pecho y sonríes para que el otro lo haga aún estando
roto por dentro. Y también cuando ves que se te va de las manos y única y
exclusivamente puedes sentarte en la primera fila de tu vida para verlo. Todo tiene
un final, y aunque duela, quiero que lo sepas. No quiero verte llorar.
He llorado por los dos, créeme también en eso. Y cuando te digo que no merece
la pena.
martes, julio 3
"Hace dos años y un día que vivo sin él, que no le he vuelo a ver, y ya puedo decir que no recuerdo como eran sus cálidos besos, ni sus fuertes brazos que podían apartarme de todo lo malo de mi alrededor. Ya no grito en medio de las pesadillas cada noche, ni lloro al escuchar nuestra canción. Puedo decir que tampoco recuerdo que se sentía al sonreír desde dentro, y que no lloro porque las lágrimas ya no salen del alma. Me curaste de mi absurda obsesión por el amor y conseguiste que sea lo que hoy soy. Me hiciste olvidar el dolor de estómago que causaba mi risa al verte bailar, el de mis pies al volver al amanecer con una botella de vodka vacía en una mano y cogida a ti con la otra, y el causado por el maldito amor. Siempre el jodido amor, con su perfume a dolor y su aroma a infelicidad, inseguridad, celos y angustia. Todavía tengo resaca desde que te fuiste... el dolor de cabeza por no parar de darle vueltas a tu voz diciéndome “te amo” y el vacío que siento en el pecho. Me levanto todas las mañanas pensando que ese será el día y ese puto vacío nunca se llena. Cuando te conocí te dije que me habías robado el corazón, y cuando te fuiste me di cuenta de que tenía razón. Pero teniéndote a mi lado, lo mantenía cerca y no notaba su ausencia. No necesitaba nada si tú estabas conmigo, pero ya no lo estás. Supongo que algún día me acostumbraré a abrir los ojos y ver mi cama vacía, y a no oler tu perfume al buscar mi ropa en tu armario. Pero enserio, hay algunas cosas que ya he conseguido poder olvidar, como el color de tus ojos. No recuerdo si eran verdes o azules, aunque sé que son los más bonitos que he visto y veré. Ni el tacto de tus mejillas cuando las acariciaba cada noche mientras te observaba dormir. Hace dos años y un día te fuiste, y me dejaste sola con todo este amor, con el tuyo y el mío, porque sé que me querías. Yo sé de amor, aunque sea porque lo deseé con cada fibra de mi piel, o quizás sabía… porque creo que también he olvidado todo lo que conlleva el verbo “amar” y todas las promesas que hicimos con dicho verbo. Pero a ti… a ti todavía no he conseguido lo que se dice sacarte de mi cerebro. Siempre pienso en ti, cada minuto que tiene un día, cuando me lavo los dientes y cuando como pizza en nuestro sofá turquesa. Te recuerdo cuando veo a tus amigos, y cuando veo a los míos. Y cuando mi madre me pregunta que qué tal te va. Pero bueno, estoy empezando olvidar también el tono de tu voz, así que poco a poco creo que podré volver a vivir, o quizás a intentar sonreír."
domingo, julio 1
Soy un todo o nada. Si el destino
nos pone a casa uno en su sitio por algo en concreto, tengo claro que este es
el mío, y estoy aquí por ti. No me da pena no tener algo por lo que no he
luchado, ni me alegra el tenerlo sin habérmelo ganado. Me gustan las peleas,
pero más las reconciliaciones. Que me grites cuando te pongo nervioso, y que me
beses para hacerme callar. Me gusta la música en general y no puedo vivir sin
escucharla, aunque odio ACDC. Me gustaría volar, aunque tengo los pies muy bien
puestos en el suelo. Llorar con las películas. Creo que eso es lo que más me
gusta. Tirarte en el sofá en pleno invierno, tapada con una manta, y llorar. O
verlas recostada en tu hombro con un buen bol de palomitas entre las piernas.
Como ya he dicho, soy todo o nada, pero nunca digo nunca. Y nunca soy tan feliz
como cuando te hago sonreir.
Estábamos en la avenida, cada uno en su grupo de amigos, como de costumbre, cuando de repente
vi como cogía el móvil y de inmediato le cambiaba la expresión de la cara. Una
gota cayó sobre mi hombro izquierdo, y supe que algo malo le estaba pasando.
Todos empezaron a correr dirigiéndose para dentro, pero no él. Ni yo. Vi como
se sentaba en el borde del césped con la cara descompuesta, y como justamente
después rodeaba sus rodillas con sus brazos, escondiéndola. Estaba mal, peor
que nunca. Noté como mi móvil empezaba a vibrar, pero no le hice caso, ya que
supuse que sería alguna de mis amigas queriéndome preguntar dónde estaba. Todo
me daba igual. Una vez más él estaba llorando por esa que no le merecía, y no
pensaba permitirlo. Asique me senté a su lado lo más lejos que pude, pero
asegurándome de que me escuchaba perfectamente.
-Te dije esta mañana que llovería, y no me preguntes porque, pero sabía que algo así pasaría. La verdad es que no me hace falta preguntarte que te pasa, porque te conozco demasiado. No estés mal, no vale la pena… ¿Sabes qué? Qué quizás no te quiere lo suficiente como para hacerte feliz, o es una gilipollas que no sabe aprovechar las buenas oportunidades cuando se le presentan. No está bien que un día te quiera y al otro no, ni para ella ni mucho menos para ti. Acabarás mal. Lo peor es que si te dijera que tienes a medio alicante detrás de ti y metiera la mano en el fuego, no me quemaría. Despierta joder, date cuenta de que no vale la pena de que te amargues. Ya te lo he dicho: hay muchas chicas a las que les encantaría estar contigo. A lo mejor yo te quiero, te quiero y no lo sabes. También lo tendría que estar pasando mal, ¿sabes? Y no, aquí estoy, mojándome como no lo he hecho nunca e intentando que me mires y sonrías. Todos lo pasamos mal, pero no nos cerramos al mundo y nos guardamos lo que tenemos. Ni la pagamos con los demás. Lo estás haciendo todo mal, estás haciendo justo lo que ella quiere que hagas. Quiere que te quedes solo, así ha sido siempre, y así seguirá siendo, lo seguirá haciendo, una y otra vez, aunque no quieras asumirlo… Sé que no me vas a decir nada, que pierdo el tiempo, pero bueno, lo seguiré intentando, aunque puede que un día me canse.
Me levanté dispuesta a irme, me había cansado de intentar animarle en esos momentos, cuando siempre acababa perdiendo el tiempo. Si él quería seguir así, que siguiera solo, no me iba a amargar por sus gilipolleces.
+¿Y tú me quieres?
-Creo que lo he dejado bastante claro hace un momento.
-Te dije esta mañana que llovería, y no me preguntes porque, pero sabía que algo así pasaría. La verdad es que no me hace falta preguntarte que te pasa, porque te conozco demasiado. No estés mal, no vale la pena… ¿Sabes qué? Qué quizás no te quiere lo suficiente como para hacerte feliz, o es una gilipollas que no sabe aprovechar las buenas oportunidades cuando se le presentan. No está bien que un día te quiera y al otro no, ni para ella ni mucho menos para ti. Acabarás mal. Lo peor es que si te dijera que tienes a medio alicante detrás de ti y metiera la mano en el fuego, no me quemaría. Despierta joder, date cuenta de que no vale la pena de que te amargues. Ya te lo he dicho: hay muchas chicas a las que les encantaría estar contigo. A lo mejor yo te quiero, te quiero y no lo sabes. También lo tendría que estar pasando mal, ¿sabes? Y no, aquí estoy, mojándome como no lo he hecho nunca e intentando que me mires y sonrías. Todos lo pasamos mal, pero no nos cerramos al mundo y nos guardamos lo que tenemos. Ni la pagamos con los demás. Lo estás haciendo todo mal, estás haciendo justo lo que ella quiere que hagas. Quiere que te quedes solo, así ha sido siempre, y así seguirá siendo, lo seguirá haciendo, una y otra vez, aunque no quieras asumirlo… Sé que no me vas a decir nada, que pierdo el tiempo, pero bueno, lo seguiré intentando, aunque puede que un día me canse.
Me levanté dispuesta a irme, me había cansado de intentar animarle en esos momentos, cuando siempre acababa perdiendo el tiempo. Si él quería seguir así, que siguiera solo, no me iba a amargar por sus gilipolleces.
+¿Y tú me quieres?
-Creo que lo he dejado bastante claro hace un momento.
Nos empeñamos siempre en buscar la perfección en todo el mundo, en buscar
lo ideal, el modelo de belleza. Buscamos a alguien amable, sincero, tierno,
amigable, simpático, guapo, que nos quiera. Buscamos a ese tipo de persona que
llama la atención. Todas queremos a ese chico que tenga a todas las niñatas
detrás de él, y que al momento de quitárselas de encima no diga ‘no puedo’ si no ‘no quiero’. Buscamos al típico príncipe Disney: alto, fuerte, con unos ojos
preciosos y una piel bronceada. A alguien que nos haga sentir por encima de
todo, que nos lleve a tres metros sobre el cielo y nos diga ‘tengo ganas de
ti’ encima de una moto. A esa persona que con mirarte, te
quite la respiración, y que al que con solo una sonrisa, te alegre los peores
días. Nosotras queremos a esos tíos que van de duros por la vida, y luego son
unos sentimentales que lloran con ‘El diario de Noah’. Los que se meten a la
ducha y no pueden parar de cantar en cuanto el chorro de agua empieza a caer.
Buscamos a alguien que nos quiera por encima de todo, que nos lo demuestre en
cada momento. A alguien que enfrente de sus amigos te coja de la mano y les
diga: ‘es ella’. A esa persona que se deje la piel por vernos felices, y que no
pare hasta que dejemos de llorar. Nos ofuscamos tanto con buscar al chico
perfecto, que nos olvidamos de todo lo que nos rodea, y nos frustramos al
darnos cuenta de que no lo encontraremos en ningún momento.
Bajamos los niveles de dificultad para entrar en ‘la lista’, y
vemos que nada sale bien, que ahí entra y sale quien quiere. Y entonces en
cuando te das cuenta de que en la mayoría de ocasiones no hace falta rebuscar
tanto, y de que no es tan difícil encontrar, y de que lo único que pasa que es
que a veces lo que buscas está tan cerca que cuesta verlo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
.jpg)