martes, febrero 28

Él lo sabía. Sabía que lloraba en las mañanas lluviosas y que apagaba la luz antes de las 12. Sabía que la cabeza me duele cuando estudio y cuando hace mucho calor, y que a veces el miedo me puede. Él sabía que una palabra suya bastaba para calmarme y que trescientos nórdicos en invierno no quitan el frío que él dejó impregnado en mis sábanas. Y yo también lo sé. Sé que mi pared está vacía sin sus fotos y que me rompí por dentro al destrozarlas. Y en verdad todos los que me conocen saben que se me está escapando ahora mismo un suspiro y que ya no quiero apoyo ni abrazos por las noches. 
Sé que hoy es todo más grisáceo porque, incoherentemente, mi clase olía a él. Y saberlo me lleva a no querer saber. Y a pensar en porque quise creer que lo tenía, cuando, todos sabemos, que no era así. Pero se que no merezco esto. Y sí, he dicho merezco. Porque al igual que no quiero saber nada del tema de democracias y desacuerdos, se que mi sonrisa le gusta a mucha gente, y le fastidia a otra tanta, y la voy a hacer brillar aunque sea un día gris, lluvioso, de frío o incoherente.

lunes, febrero 20

¿Os digo algo? No soy la reina del tiempo, ni sé cuándo se va a acabar el mundo, ni nada de eso. Que si un día “te quiero” y al otro que me mandas besitos. Estoy cansada de vaciles y risas huecas. Ojalá llenaras tu cabeza (tu corazón ya es caso perdido) de otra cosa que no fuera aire. Los “siempres” se quedan cortos porque son promesas, y un “te echo de menos” por whatsapp no sabe igual que un beso en el cuello. Y que los amigos no van y viene, no señor. Que los buenos se quedan y l@s que no, pues tras tras por detrás y adiós. Y quien te quiere no te hace llorar, si no que seca tus lágrimas puede ser que incluso con las suyas, y no permite que lo hagas por nadie. Que estamos en crisis, chicos. Tanto de dinero como de amor. Pero las mentiras no lo están. Nunca pasan de moda, pero ya me resbala si follas, fallas, fumas, bebes, repites, te suicidas o cantas en la ducha. Creo que es hora de aprender a conjugar en pasado y de anteponer el pronombre “yo” a “él”. Ya no valen lágrimas en la almohada ni ataques de histeria a las tres y veinte de la mañana. Se acabó eso de mirar el reloj y estar atenta al segundero, y el miedo a los lobos, brujas, orcos y zorras. Que me coméis todos el pie (por no decir el coño, aunque ya lo digo ahora) y que antepongo mi felicidad a cualquier estúpido argumento. Elevo mi amor propio a su exponente máximo y sonrío al ver lo fuerte que soy ahora mismo.
Ah, y no se me olvida: a vosotros, que tanto hacéis por mí, no hay palabras para deciros y agradeceros. Espero y desespero por qué no os vayáis nunca de mi lado. Gracias por existir, os quiero

domingo, febrero 19

Increíble la desesperación que tenía. Las innumerables matrículas me desesperaban mientras se cruzaban y adelantaban los coches en la autopista con sus números que esconden fechas y sus palabras cifradas. El sol estaba bajando y el aire estaba aumentando. Veía de reojo como su pelo se movía con el viento. Creo que a nadie le quedan las RayBans tan bien como a él. Fue un día perfecto, increíble. Y todo gracias a él. Él, siempre fue él. Era el momento ideal. Desde que le conocí supe que su descapotable blanco haría milagros, y le dije:
-Te quiero, –no le miré, pero sentí como sonreía- me estoy dando cuenta de que me es imposible vivir sin ti. Te quiero tanto que cada vez que me regalas tu risa siento que no me hace falta nada más. Tanto que desde que me tocas al timbre por las mañanas, mis ganas de levantarme son infinitamente mayores que antes de que lo hicieras. No sé –le miré, y me miró de reojo. Joder, estaba súper nerviosa- supongo que será por todo el tiempo que pasamos juntos, ¿sabes? Pero es tanto lo que siento, que incluso me han empezado a gustar tus rizos indomables, y tus camisetas de fútbol americano. Aunque me gustas mucho más así vestido, ya lo sabes. –Hizo el intento de decir algo- Pero no, no, no, ¿sabes que es lo mejor? Que tú también me quieres, ¡nos queremos mutuamente! No es un amor imposible con brujas malas y manzanas envenenadas. Podemos dormir una noche en mi casa, otra en la tuya… e incluso podemos ponerle la capota al coche y dormimos aquí. Aunque no me importaría no dormir mientras estuviera a tu lado. Y todo esto me hace pensar que a lo mejor no te quiero solamente, yo creo que incluso te amo. Te amo como… como… no sé, ¿cómo Julieta a Romeo? O no sé, simplemente como yo a ti. Y me gusta mucho hacerlo. Y también me gusta despertarme de la siesta y ver tu pelo enredado en mis dedos, y nunca te lo había dicho. Y ahogarte en la piscina y que luego me ahogues tú y así sucesivamente como siempre hacemos. –Volvió a intentar hablar, pero lo callé otra vez- ¡Pero espera, espera, que aún no he acabado! Que he pensado que podríamos empezar algo juntos, o a seguir haciéndolo, porque yo pienso que aunque no nos demos cuenta ya somos como novios, y es muy gracioso –ya no sabía ni lo que estaba diciendo- porque… porque… porque sí, no sé, porque nos comportamos como tal e incluso creo la gente piensa que lo somos, y no me molesta, me encanta, incluso más que eso. Y no sé si a ti te molesta, te gusta, te agrada, te incomoda, te pone nervioso, te…
-¡Calla! Para un momento. Resume todo eso que has dicho en medio minuto y que no me he enterado.
-¿Es enserio? ¿No has escuchado nada? Porque entonces da igual, no importa, sigue conduciendo, no te preocupes, no pasa na…
-Resúmemelo.
-¿Te amo?
-Sabría que este coche haría milagros.

martes, febrero 14

Me duele esta situación, me duele no verte, no olerte, no tenerte. Me duele no poder decirte hola, ni tampoco adiós. Me duele el frío de las sabanas que me recuerda que te has ido de mi vida y la incomoda certeza de saber que no quieres volver. Algún día te dije que sabía que esto acabaría pasando, y que mi cabeza no podía soportar esa idea. Quizás forzamos demasiados "te quieros" y demasiadas sonrisas. Bueno, yo nunca los forcé, fuiste todo para mi, y no me arrepiento de decirlo. Me hiciste feliz en todas y cada una de las veces que demostraste querer hacerlo, y también en las que supongo que no lo pretendías. Exactamente eso, me hacías feliz sin ni si quiera darte cuenta, sin quererlo. Me hiciste feliz en las muchas veces que vimos el futuro juntos sin problemas y las que después de una tormenta venía la calma gracias a ti, o a mi. O gracias a ninguno, simplemente a eso que nos unía. Lo que nos unía y lo que ahora nos separa. Repito que fuiste todo para mi, y que tenerte aquí sería lo único que ahora me haría feliz. Pero quizás ahora. Quizás tu frialdad continua reflejada en las lágrimas que recorren mis mejillas y mojan mi almohada se mezclen con el cálido latido de tu corazón cada vez que te abrazaba, y eso sea lo que algún día, en un futuro no muy lejano (o eso espero) sea lo que me haga sonreír. Ahora no recuerdo que todo ha acabado, que no queremos saber nada el uno del otro. Solo tengo en mi mente tu cabeza agachada frente a un folio escrito. Tu voz entrecortada leyendo en susurros palabra tras palabra, y una lágrima recorriendo tu mejilla. Me hacías feliz con el gesto más simple del mundo, y lo rompías todo en pedazos con una sola palabra. Pedazos que se reunificaban en uno al escuchar un "te amo". Te amos que yo creía sinceros, y quien sabe si lo eran... Solo tú. Quiero creer que si, que lo sentías, que la infinidad de sonrisas que me provocaste no fueron a causa de mentiras baratas. Porque lo pienso, y no se puede mentir con eso, es imposible. Yo soy incapaz, y se que tú también lo eres. Te cansaste, supongo que algo hice mal. Pero tampoco quiero echarme la culpa de todo, supongo que fue algo entre los dos, o quizás no. Todo lo fue, pero hay finales que no siguen el hilo de la historia al pie de la letra. Final. Me derrumbo. Cambios y trayectorias, todo tiene su final. Y aunque con tu decisión me mates por dentro, literalmente, me estás quitando lo que me diste, y esto no acaba así, te lo aseguro.

sábado, febrero 11

+¿QUÉ ES LO QUE QUIERES? ¿QUÉ? ...¡Porque estoy harto de tratar de adivinarlo! ¿Quiéres un piso más grande? Buscaré un segundo empleo. ¿Quiéres un hijo, no quieres un hijo? ¿QUÉ? Yo sé lo que quiero, lo tengo delante de mí ahora mismo. ¿Tú no? ¿Sabes lo qué quieres? Porque es mejor que me lo digas si no soy yo.

miércoles, febrero 8

Em situe en el passeig de l'Explanada, observant amb atenció la cara del Moro, qual Cantara enamorada del seu Alí, i em dins en la platja del Postiguet amb els meus tacons en la mà per a poder sentir l'aigua entre els meus dits. Increïble és la sensació que recorre el meu cos quan la freda marea afona els meus peus en l'arena, i no puc evitar somriure. Isc d'allí, i espere que s'assequen per a continuar el passeig que tants records em porta. Estant ací, en terres Alacantines, res ni ningú pot fer-me dany, perquè la brisa del Meditarreni, ens dóna a nosaltres, els alacantins, una força inexplicable. Vaig pel passeig marítim, comptant una a una les 365 palmeres de l'Explanada, una per cada dia de l'any. Arribe a Canalejas, i de sobte, mire al sòl i em trobe una branca de flor de atzar. Hi ha oportunitats que la vida et dóna, i has d'aprofitar. Puge per Oscar Esplá fins a el Corte Inglés, i d'allí fins Estels. Açò, com sempre, em fa recordar als dies grans de fogueres, i no puc evitar sentir una imprevista ansietat pel desig que l'olor de pólvora torne a inundar els carrers d'Alacant com cada any. Pase pel mercat, puge per Carrer Sant Vicent i arribe a la Plaça de Bous. Continue pujant i pujant, i veig la porta de ma casa. Però no em dirigisc allí, vull continuar caminant. Doblegue cap a la dreta per Carolines Altes fins a arribar a la meua amada Foguerer. Però tampoc vull acabar el meu camí. Passar pel meu barri em porta al cap la infinitat de moments que he viscut en ell, i el meu estat emocional, fa que cap vessament que una altra llàgrima mentres seguisc el meu curs. Continue caminant, i no sé com, els meus passos em dirigixen cap a Portuaris, passant per Sagrada Família, fins a arribar a l'av. de Dénia, i abaixant la costa, veig de lluny de nou el meu amat Postiguet. Diuen que on comences, acabes, i crec que tenen raó. Però no vull que acabe encara. I així, sense més, em veig pujant la costa del Castell de Santa Bàrbara, per a desembocar en l'Ereta i acabar veient la part posterior del nostre Excm. Ayuntament d'Alacant, i em dins per Rafael Altamira fins a arribar a la Rambla. Una rambla que m'ha vist desfilar de la mà de la meua foguera infinitat de vegades, i a la que he recorregut amb els meus amics cada vegada que he pogut. I de nou, em veig en l'Explanada, i la trobe. La meua volguda cara del moro. La meua meta d'eixida, i el meu punt d'arribada. És la desembocació que fa que tot torne al seu llit. Diuen, que quan visites esta ciutat, ja mai vols deixar-la. T'enamores de la seua gent, de la seua cultura, del seu clima, dels seus llocs, de les seues festes... qualsevol persona amb verdadera sang alacantina sap del que parle. Però només ho sabem nosaltres.