Increíble la desesperación que tenía. Las innumerables matrículas me desesperaban mientras se cruzaban y adelantaban los coches en la autopista con sus números que esconden fechas y sus palabras cifradas. El sol estaba bajando y el aire estaba aumentando. Veía de reojo como su pelo se movía con el viento. Creo que a nadie le quedan las RayBans tan bien como a él. Fue un día perfecto, increíble. Y todo gracias a él. Él, siempre fue él. Era el momento ideal. Desde que le conocí supe que su descapotable blanco haría milagros, y le dije:
-Te quiero, –no le miré, pero sentí como sonreía- me estoy dando cuenta de que me es imposible vivir sin ti. Te quiero tanto que cada vez que me regalas tu risa siento que no me hace falta nada más. Tanto que desde que me tocas al timbre por las mañanas, mis ganas de levantarme son infinitamente mayores que antes de que lo hicieras. No sé –le miré, y me miró de reojo. Joder, estaba súper nerviosa- supongo que será por todo el tiempo que pasamos juntos, ¿sabes? Pero es tanto lo que siento, que incluso me han empezado a gustar tus rizos indomables, y tus camisetas de fútbol americano. Aunque me gustas mucho más así vestido, ya lo sabes. –Hizo el intento de decir algo- Pero no, no, no, ¿sabes que es lo mejor? Que tú también me quieres, ¡nos queremos mutuamente! No es un amor imposible con brujas malas y manzanas envenenadas. Podemos dormir una noche en mi casa, otra en la tuya… e incluso podemos ponerle la capota al coche y dormimos aquí. Aunque no me importaría no dormir mientras estuviera a tu lado. Y todo esto me hace pensar que a lo mejor no te quiero solamente, yo creo que incluso te amo. Te amo como… como… no sé, ¿cómo Julieta a Romeo? O no sé, simplemente como yo a ti. Y me gusta mucho hacerlo. Y también me gusta despertarme de la siesta y ver tu pelo enredado en mis dedos, y nunca te lo había dicho. Y ahogarte en la piscina y que luego me ahogues tú y así sucesivamente como siempre hacemos. –Volvió a intentar hablar, pero lo callé otra vez- ¡Pero espera, espera, que aún no he acabado! Que he pensado que podríamos empezar algo juntos, o a seguir haciéndolo, porque yo pienso que aunque no nos demos cuenta ya somos como novios, y es muy gracioso –ya no sabía ni lo que estaba diciendo- porque… porque… porque sí, no sé, porque nos comportamos como tal e incluso creo la gente piensa que lo somos, y no me molesta, me encanta, incluso más que eso. Y no sé si a ti te molesta, te gusta, te agrada, te incomoda, te pone nervioso, te…
-¡Calla! Para un momento. Resume todo eso que has dicho en medio minuto y que no me he enterado.
-¿Es enserio? ¿No has escuchado nada? Porque entonces da igual, no importa, sigue conduciendo, no te preocupes, no pasa na…
-Resúmemelo.
-¿Te amo?
-Sabría que este coche haría milagros.