Me acuerdo tanto del primer día que te
vi en la cafetería de la uni. Llevabas las rodillas al aire y esa blusa que
poco después te quemé con un cigarro. Era preciosa que lo sepas. Te vi y supe que
ibas a ser mía. Eras la luz de aquel
sitio, cuando estábamos en clase si no me sentaba cerca de ti no veía nada.
Cuando empezamos a hablar y vi que existía un no sé qué especial que nos unía
no me lo podía creer. Y yo quería tenerte cerca de cualquier manera. Éramos tan
iguales, teníamos tantas cosas en común de las que poder discutir y discutíamos
sobre todo a todas horas. Mientras tanto tú estabas con unos y yo con otras y
nos contábamos que tal nos iba en el amor. O lo que fuera que teníamos. Y
yo tenía claro que tú no eras solo una noche, y no
entendía como tantos podían querer que lo fueras. Y sin más, te convertiste en mi mejor amiga, me presentaste a tus
amigos y yo a los míos y me acuerdo como nos reíamos cuando nadie se creía que pudiéramos
ser solo eso, y normal. Estábamos juntos a todas horas, en clase, en la
biblioteca, por las tardes en tu casa o en la mía y por las noches si estaba con alguna que no fueras tú, solo me apetecía
ir a contarte que en realidad no tenía ganas de estar con ninguna. Y ahora
me doy cuenta de que en realidad, con la
única con la que tenía ganas de estar, era contigo.
Pasaban los meses y cada vez teníamos más confianza. Miércoles, tu sofá, borrachos
y haciendo zapping. “Tú tienes que follar que no veas” y me acuerdo de que
se me puso dura al instante. A partir de ahí llegaron los 5 casi mejores meses de toda mi vida. Al principio
no podía creerme la suerte que tenía, tenía a mi mejor amiga y a la vez el
mejor sexo de mi vida, pero sin ataduras. Lo que todo tío quiere. Escapadas
entre clase y clase, la parte trasera de mi coche, las noches de fiesta en las
que ya no salíamos juntos (porque no
podía aguantar ni un minuto sin besarte) y acabábamos en cualquier
esquina o baño que nos fuera útil, y cuando desaparecíamos los fines de semana
porque nos íbamos al campo de mis tíos. Y, como era de esperar, dejaste de ser solo mi mejor amiga. No podía dejar de
pensar en ti, en clase me apetecía comerte a besos, no quería guardarme algo
tan bonito solo para la intimidad. Y te hice la pregunta “¿qué esperas de esto?” Me hace
gracia que pensaras que te iba a dejar cuando en realidad lo que quería era
estar contigo, de verdad. Con ataduras, con todo lo que conllevaba tener
pareja. Y aquí seguimos. 3 meses después y estos sí que han sido los mejores de mi vida. Y claro que no todo ha sido
perfecto, hemos dudado muchas veces, la hemos cagado, pero queremos estar
juntos. Eso se nota. Y te preguntarás a que viene todo esto... no celebramos
nada, no es tu cumpleaños ni nada de eso. Solo te quería decir una cosa que no te
he dicho aun pero que no podía parar de pensar mientras escribía esto, y es que
me he enamorado de ti. Llevo enamorándome
de ti casi desde el día que te conocí. Y aun no te lo había dicho después de
tanto. Este sentimiento ya no se sacia con un simple te quiero. No. Estoy enamorado de ti. Solo
espero que nos siga yendo tan bien como hasta ahora y que esto vaya a más y más
porque sinceramente, me imagino un
futuro juntos, y créeme que no voy a parar de jugármela por ti las veces
que hagan falta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario