viernes, abril 26

"Hoy le pido a mis sueños que te quiten la ropa, que conviertan en besos todos mis intentos de morderte la boca y aunque entiendo que tú siempre tienes la ultima palabra en esto del amor yo hoy le pido a tu ángel de la guarda, que comparta, que me de valor y arrojo en la batalla para ganarla. Y es que yo no quiero pasar por tu vida como las modas, no se asuste señorita: nadie le ha hablado de boda. Yo tan solo quiero ser las cuatro patas de tu cama, tu perro todas las noches, tu tregua cada mañana. Quiero ser tu medicina, tus silencios y tus gritos, tu ladrón, tu policía, tu jardín con enanitos. Quiero ser la escoba que en tu vida barra la tristeza, quiero ser tu incertidumbre y sobretodo tu certeza. Y es que yo quiero ser el que nunca olvida tu cumpleaños, quiero que seas mi rosa y mi espina aunque me hagas daño. Quiero ser tu carnaval, tus principios y tus finales, el mar donde puedas ahogar todos tus males. Quiero que seas mi tango de gardel, mis octavillas, mi media luna de miel, mi blus, mi octava maravilla, el baile de mi salón, la cremallera y los botones. Quiero que lleves tu falda y también mis pantalones. Tu astronauta, el primer hombre que pise tu luna clavando una bandera de locura para pintar tu vida de color, de pasión, de sabor, de emoción y ternura. Sepa que usted que yo ya no tengo cura sin su amor."

lunes, abril 8

Me recuerdo más dulce y supongo que igual de querida. Más responsable y menos estúpida. Igual de dramática pero con más metas en la vida. Más tonta, por la edad supongo, y más lista en otros sentidos. Más trabajadora. Ahora no tengo ganas de hacer nada. Nunca. Eso de los daños, los años, madurar y todo ese rollo no me está gustando. Creo que puedo darme el lujazo de dar lo que recibo. Nada. Estoy harta, a ratos. Harta de querer y no poder. De ofrecer y aún así, sentirme muy hueca por dentro. Como si faltara algo. Algo así como un constante echarte de menos. Algo así como estar un día a gusto y dos con la mayor incomodidad. Como con ganas de hacerte llorar. Y llorar yo, y que me abraces. Pero no llega eso. Yo se que hace poco tenía ganas de que volvieras. Y tú. Y tú también. Y cada una de ellas. Y en realidad no sirve de nada, porque en el fondo no quiero porque ahora estoy mejor que nunca. Son rachas, siempre lo son. Y se desde cuando están así las cosas. Claro que lo se. Desde el puto día que lo que teníamos se rompió. Desde que madurar fue obligado y no opcional. Cuando crees que la vida tarda en cambiar, y en siete segundos lo hace, sin que nadie quiera, pero pasa. Y cuando pasa no hay marcha atrás, y tienes que empezar a tragar y tragar. Y aquí estoy, creo que enamorada de otro y hablando de madurar por ti. Más feliz que nunca y un poco dolida a la vez. Hecha un lío por ese otro y esperando a que me recoja mi mejor amigo. Con las ideas igual de desordenadas que mi habitación y el móvil sin batería. Entre borrachera y borrachera, estudio y pienso en él. A veces en ellas, pero ya nunca en ti, y es un paso del que estoy muy orgullosa. Ahora te veo y sonrío y me alegro de haber vivido todo lo que viví a tu lado. Ahora las veo a ellas y aún duele, pero lo soporto. Aún lloro, eso lo sabe cualquiera, pero se va pasando. Hemos crecido, y tanto. Ahora estoy en mi sitio, donde quiero quedarme. Y no me arrepiento de nada, he vivido lo que me ha tocado vivir. Que sepas que has sido el brazo en el que me he apoyado, y que aunque ya no te echo de menos siempre voy a tener infinitas gracias que darte. Fuiste tanto que en día difíciles como hoy todavía me acuerdo de ti y me sacas una sonrisa que se suma a las incontables del pasado.