jueves, enero 24
Abrázame. Dame todo de ti. Desnúdame con la mirada y cómeme a besos. Guárdame entre tus brazos y hazme reír. "Te echaba de menos". Susurros que erizan la piel. Dilo otra vez. Dilo. "Estás guapa". No me sueltes por favor. Vamos a quedarnos así unos minutos. O horas. O toda la vida. "No quiero soltarte". No lo hagas, me haces sentirme bien. Segura. Salvada. Aquí nada ni nadie puede hacerme daño. Solo tú y sí me dejas. Así que no lo hagas. Pégame a ti. Fuerte. Así. Casi no puedo respirar y tú aroma invade todo mi cuerpo. Te quiero. "Te quiero". Quiero más. Te quiero a ti. Entero, de arriba a abajo. Por fuera pero más por dentro. Jodidamente perfecto. "Quiero besarte". Más susurros al oído. Movimiento. Bésame ya, no aguanto más. Y me miras con esos ojos color miel en los que me perdí hace tiempo y aún no me he encontrado. Tú boca sabe a menta y a tí, el mejor sabor del mundo. Y solo puedo probarlo yo. Necesito decirte que "te quiero". Inconscientemente. Siento tu sonrisa en mi nunca. Vas a dejar marca. Tu territorio. Soy tuya pequeño. "Eres mía princesa". Me vuelves loca. Eres el tío más dulce del planeta Tierra y estás en mi cuello. En todo yo. En mi corazón. Te has apoderado de mi enteramente. Apriétame como si la vida te fuera en ello, pero espera que necesito acariciarte. "¿Qué haces? No te vayas". Nunca.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario