“Prométeme que no me fallarás, que me follarás, que me brillarás, que me gritarás entre las sábanas. Prométeme que este “siempre” escrito con promesas y subrayado con besos no se borrará ni con el típex del tiempo. Si me subes al cielo, no me bajes, no me tires nunca, que la hostia puede ser mortal. Promete que lo “te quiero” serán conjugados siempre en la primera persona del plural. Promete que cuando hables de mí, hables de nosotros. Prométeme que las promesas se crean, ni se destruyen ni se trasforman.”
Que yo soy química y me sé la ley atómica, pero tú… tú ya no sé ni lo que eres, ni lo que quieres ser. Ni que es de tu vida, ni si conseguiste acabar bachiller… ¿O seguías en primero de la ESO? La verdad es que tengo mis dudas. Que si un día a 3 metros sobre el cielo y al otro pum. Y eso que te advertí que no me tiraras. Fuiste un gilipollas desperdiciando tal oportunidad como esta, y te dejaste las mates para hacer algo de música o vete tú a saber. Vamos, que desperdicias tú vida, como todo lo que hay en ella. Eres muy de eso. Y no me digas que te gusta lo que haces porque tú siempre has sido de un balón entre el césped y tu pie y una calculadora en la mano. Pero allá tú. Como siempre, haces lo que te da la gana, y antes que cualquier otra cosa antepones tu puto orgulloso. Orgulloso, que eres un puto orgulloso. Tú un orgulloso y yo… yo una tonta, que aquí sigue perdiendo el culo por ti. Como siempre. Es una pena la verdad. Porque el tiempo lo borra todo, pero me prometiste que esto nada lo haría y ahora me cago en tu mierda de promesa y en todo el daño que me has hecho. Qué pena… que gran pena. Cada vez veo más cierto eso de que nada dura, y mientras yo perdía el tiempo, tú te ganabas dos pares de hostias, y así íbamos. Aunque la más grande me la he pegado yo para ser sinceros.
Pero bueno, ahora que se han calmado las cosas, solo quería decirte eso: que fue bonito. ¿Bonito? Increíble, irrepetible. No fue perfecto, porque hasta lo más maravilloso tiene defectos. Y tú… los tienes a pares. Te echas a perder día tras día, y la verdad es que me da bastante pena. Pero bueno, está en tu decisión. Eres fuerte y puedes con todo. Tanto que mira cómo has acabado con nosotros, haciéndonos pedazos. Te quise, no te imaginas cuanto, pero bueno, ya no puedo hacer nada más. Que te den lo que yo no pude darte.
