Él se acercó y la besó. Ambos se sumergieron en un beso demasiado profundo como para poder explicarlo con palabras. Ese beso era decir 'te amo' sin hablar. Era el lenguaje del alma de ambos que no sabian como expresar sus sentimientos con expresiones sencillas por que les resultaba demasiado complicado. Ese beso era como tomar agua salada: bebe y tu sed aumentará. No hay electricidad más fuerte que la que provoca un beso conquistado con esfuerzo, y ambos se habian esforzado en negar lo que sentían pero ya les resultaba inevitable, inconcebible para otros. El más difícil no es el primer beso sino el último y ese resultaba ser exactamente eso: el último.
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